Todavía recuerdo mi primer día de clase en secundarias, fue un desastre, realmente el saber los contenidos (o creer saberlos) no es suficiente, las estrategias para poder enganchar a los alumnos en nuestra materia sólo puedes adquirirlas con la experiencia, pueden contarte todo lo referente al control de clase, distribuir contenidos, dosificación; pero cuando te enfrentas a los estudiantes por primera vez... es impresionante y a veces intimidatorio. (De mi primer día de clases sólo quiero agregar que para el tercer día, si no me rescatan mi Director y Subdirector, probablemente mis alumnos me hubieran pegado a la pared con maskin).
Mi práctica docente poco a poco ha ido evolucionando, al principio “daba clase” dictando reglas ortográficas y mecanizando ejercicios (imparto la materia de Inglés), todo lo anterior con el objetivo de que los alumnos pasaran el examen bimestral con la mejor calificación posible y por supuesto mantenerlos quietos en sus lugares; lo malo, ningún estudiante podía decir una frase extra a no ser que fuera las enseñadas en clase. Si intentaba dar una clase dinámica en la que los alumnos participaran o trabajaran en grupo, terminaba casi en una batalla campal.
Para el siguiente ciclo, le hice caso a mi Jefa de Enseñanza, “Cortarle el cuello al Gallo el primer día de clase” sic, y resultó; me convertí en un profesor Draconiano, toda rigidez y con muy poca flexibilidad, sé que debió ser hasta cierto punto traumático para mis alumnos pero, fue la única manera de impartir clase con cierta tranquilidad, olvidé mencionar que por la zona en la que se encuentra la escuela tuve alumnos de Tepito (sin comentarios), La Ronda (venta de auto-partes robadas), San Simón (sin comentarios) y de Tlatelolco, por lo que había que tener cuidado con los alumnos y alumnas; al siguiente ciclo escolar mi práctica ya había evolucionado lo suficiente para comunicarme sin necesidad de amenazas o reprimendas, aprendí que hablándoles con la verdad, sin engañarlos y explicándoles con paciencia y haciéndolos entender que me preocupaba por ellos y ellas, era la mejor manera de poder desarrollar mi labor, al final ellos mismos me defendían de los latosos y agresivos.
En mi siguiente plantel llegué a uno para señoritas, ahí aprendí que las mujeres en grupo son de verdadero cuidado, eran inclusive mas agresivas que mis alumnos de la escuela anterior, pero al igual que éstos, hablando, convenciendo, cultivando el respeto mutuo y sobre todo haciéndolas participe en la clase no sólo en lo relacionado a las participaciones, si no también en la forma como querían ellas hacer sus presentaciones y prácticas, fue la mejor forma de trabajar; eran extremadamente creativas, por lo cual prácticamente era cuestión de explicar con ejemplos, disipar dudas y ellas hacían el resto.
De ahí en adelante he estado en dos planteles más, pero ya no tuve problemas realmente graves de indisciplina, fue toda una prueba de fuego mis primeros años, pero los superé y con creces; como menciona la lectura, también tuve compañeros los cuales no podían dar clase, o se paraban en la puerta para que no se salieran los muchachos o se sentaban frente al escritorio para presenciar el caos; ahora, con la ventaja de la retrospectiva sé que si hubiera seguido teniendo esos problemas, tal vez me viera en la necesidad de renunciar, mi formación como Administrador me lo habría exigido.
Todo lo aprendido anteriormente me sirvió de las mil maravillas cuando llegué a participar a Conalep, no tengo problemas de conducta, aunque en lo referente a la motivación de los muchachos y combatir su apatía, ha sido un verdadero reto, es combatir contra prácticamente todo lo que han aprendido desde pequeños, no solo en casa, me refiero a la escuela y el medio que los rodea (sin contar malas influencias).
La mayoría de los problemas conductuales de nuestros alumnos (ya sea a nivel Secundaria o Bachillerato) considero que radica en sus relaciones intrafamiliares, disolución del vínculo familiar, abandono, rechazo, alcoholismo, drogadicción, poca o nula autoestima y asertividad, mal desarrollo de la resiliencia y por supuesto la misma entrada de la adolescencia son problemas graves que debemos tratar de subsanar con nuestro quehacer diario, no como padres ni desde el enfoque de tutores, si no desde el aula, como personas que debemos ganarnos su confianza mostrándoles el mejor camino hacia su propio engrandecimiento, no solo personal si no el profesional, y por qué no, a veces también el espiritual.
Hasta este punto considero que mi principal problema es mi actualización como docente, el cual sé, he descuidado por problemas familiares. He participado en varios cursos de actualización de la SEP, he inclusive durante los primeros años de la reforma educativa a nivel secundaria fui multiplicador en mi materia; pero ninguno de la envergadura de ésta especialidad, de la cual creo que saldré muy fortalecido.
Saludos a todos…
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Hola Mizhael:
ResponderBorrarReconozco tu amplia experiencia como docente y el arduo trabajo que has venido desempeñando en distintas escuelas y niveles, es muy interesante como has transcurrido en tu carrera de docente, realmente si es una aventura. Me da mucho gusto que te intereses por tu actualización en hora buena. Saludos
Hola
ResponderBorrarCompañero
¡Qué aventura!
Cabe destacar que independientemente de los malos momentos experimentados en tu labor docente, haz tenido actitudes en teoría y práctica, que te han permitido mejorar dicha labor, y que tienes disposición para fortalecer ésta, actualizándote … el que persevera alcanza…